Declaración de Fé

1 Corintios 3:10-11:  "Conforme á la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima: empero cada uno vea cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo."

Judas 1:3-4:  "Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros de la común salud, me ha sido necesario escribiros amonestándoos que contendáis eficazmente por la fe que ha sido una vez dada á los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los cuales desde antes habían estado ordenados para esta condenación, hombres impíos, convirtiendo la gracia de nuestro Dios en disolución, y negando á Dios que solo es el que tiene dominio, y á nuestro Señor Jesucristo."

___________________________________________________________________________________________________________________

1. Creemos en un Dios, revelado como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Deut. 6:4, Isa. 43:10-11, Marcos 12:29, Juan 1:1-14, Juan 14:26, 15:26, 20:17-22, Hechos 2:33, 2 Cor. 4:4-6, 13:14, Efesios 1:2-14, 4:4-7, Col. 1:14-19, 2:8-9, 1 Timoteo 2:5, Santiago 2:19, 1 Pedro 1:2-3, 3:18, Apoca. 1:4-6.

2. Creemos que nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, es el unigénito del Padre del Padre, y es totalmente Dios y totalmente hombre. Él es Salvación. Él nació de la virgen María, vivió una vida sin pecado, murió por los pecados del mundo, resucitó para nuestra justificación, y ahora reina en gloria hasta que todas las cosas sean puestas debajo de sus pies. 1 Tim. 3:16, Salmos 8, Génesis 3:15, Mateo 1:18, Isa. 7:14, 9:6, Juan 14:6, Hechos 4:12, Gálatas 3:13-14, Heb. 4:14-16.

3. Creemos que el hombre fue creado en la imagen de Dios, sin embargo, a través de la desobediencia, pecó y cayó. A consecuencia de la caída del hombre, la raza humana entera comparte en esta naturaleza depravada. Aparte de la gracia de Dios, el hombre no tiene la habilidad salvarse a si mismo pues está en un estado de degeneración espiritual, incapaz de obtener justicia mediante su propia sabiduría, fortaleza y obras. Gen. 1-3, Rom. 3:22-23, 5:12-19, 6:23, Efesios 2:1-9.

4. Creemos en la absoluta autoridad de las santas escrituras dadas por Dios según su Espíritu se movió sobre los hombres santos de la antigüedad. Además, creemos que la iglesia no tiene autoridad de establecer doctrina o costumbres contrarias a estas escrituras que fueron aceptadas como las sagradas escrituras por la iglesia primitiva. 2 Tim. 3:16, Salmos 45:1, Ezeq. 1:3, Mateo 24:35, Lucas 24:27, Rom. 15:4, 1 Cor. 10:11, 1 Tes. 2:13, 1 Pedro 1:18-21.

5. Creemos que todos deben nace de nuevo para ver y entrar en el Reino de Dios. Esta salvación es por gracia mediante la fe en el sacrificio del Calvario, y la obra terminada de Jesucristo-nosotros lo confesamos con nuestra boca, y lo creemos en nuestros corazones. Esta justificación es solamente por fe en la sangre de Jesús, el cordero de Dios. Juan 3.1-8, Hechos 10:43, 13:38-39, Rom. 3:21-25, 5:1-2, 10:9-10, Efe. 2:8-9.

6. Creemos que subsiguiente a la conversión, cada creyente debe ser bautizado en agua por inmersión en el nombre del Señor Jesucristo para remisión de sus pecados y la circuncisión del corazón. El viejo hombre ha muerto, sido sepultado y resucitado a vida nueva. Hechos 2:38, 3:19-20, Mar. 6:1-14, Col. 2:11-12, 2 Pedro 3:9, Hechos 8:12-16, 36-37, 10:42-48, 19:5.

7. Creemos que el bautismo del Espíritu Santo es para todos los creyentes, un don de Dios, una infusión de poder para ungir al creyente para santificación y evangelismo. Creemos que el bautismo del Espíritu Santo históricamente y según las escrituras se manifiesta con la persona hablando en lenguas según el Espíritu da que hable. Sin embargo, el habla en lenguas no es evidencia de una vida llena del espíritu. La evidencia del Espíritu Santo en una persona es el fruto del Espíritu manifestado en el creyente, mostrando la naturaleza divina y carácter de Jesucristo. Ningún hombre puede venir a Dios excepto que el Espíritu lo atraiga. La regeneración comienza con la obra del Espíritu. Aún nuestros deseos de responder al evangelio es un don de Dios. Por lo tanto, todo creyente tiene el mismo espíritu, ya que nadie puede decir que Jesús es Señor sino por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo está envuelto en el proceso entero de nuestra salvación. Nosotros recibimos la adopción de hijos por el Espíritu. Nosotros tenemos un testimonio del Espíritu de que somos hijos de Dios. Es el Espíritu el que revela verdad, nos consuela y nos enseña. Hechos 1:4-8, 2:1-4, 10:45-46, 19:6, Rom. 8:14-16, Juan 14:17, 25-26, 15:2, 16:13, Gal 3:14´15, 4:5-6, 16, 5:22-25, Col. 1:25-27, 2 Pedro 1:3-4, 1 Juan 3:1-3.

9. Creemos que esos que son llamados por el nombre de Cristo deben apartarse de la iniquidad. La santificación es una vez para siempre, y a la vez, progresiva en naturaleza; primero desde el momento de conversión, el creyente es apartado por la sangre de Jesús; entonces, el creyente se separa el mismo para Dios lavándose diariamente con la Palabra. El creyente es llenado y dirigido por el Espíritu Santo, viviendo en el mundo, pero no parte del mundo. Rechaza incredulidad y la iniquidad, es moderado en todas las cosas, y vive la vida para glorificar a Cristo; de esa forma perfecciona la santidad en el temor de Dios, mientras está conectado al cuerpo de creyentes. I Tim. 2:19, 1 Cor. 1Ñ29-31, 2 Cor. 6:14-7:1, Efe. 5:25-27, Col. 3:8-14, Hebreos 9:12, 12:14, 1 Pedro 1:15, 1 Juan 2:15-17.

10. Creemos que toda la autoridad está concentrada en Jesucristo y Él ha delegado su jurisdicción en la casa, la iglesia local, y el gobierno civil. Creemos en un gobierno de la iglesia local Teocrático (gobernado por Dios) y orden en la iglesia (ancianos, diáconos y santos.) El Orden Divino en el Nuevo Testamento mantiene una pluralidad de liderato, y siempre hay una persona con una unción y liderato distintivo para pastorear el rebaño de Dios. Mat. 28:18, Rom. 13:1-7, Efe. 1:20-23, Fil. 1:1-11, 2:5-11, I Tim. 3:1-13.

11. Creemos en la restauración completa de los cinco ministerios que Jesús envió a equipar y madurar la iglesia: Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Su misión es producir un hombre maduro (perfecto), completo, con muchos miembros, una nueva creación en la tierra, la manifestación o revelación de la naturaleza y ministerio de Jesucristo a nosotros. Rom. 8:19-23, 1 Cor. 13:8-13, Efe. 2:20-22, 3:1-12, 4:11-16, Col. 1:25-29.

12. Creemos en la sanidad para el espíritu, la mente y el cuerpo del hombre fue provista en el Nuevo Pacto cuando nuestro Señor Jesús fue herido, golpeado y azotado en su muerte en la cruz y resucitó otra vez en el poder de su resurrección. La sanidad Divina es una realidad para el creyente. Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley, la enfermedad y la muerte. Isa. 53:5, Marcos 7:26, Juan 10:10, Hechos 4:30, 10:38, Rom. 8:11, 1 Cor. 12:9, Gal. 3:13-14, Sant. 5:13-16, 1 Pedro 2:24.

13. Creemos en observar la ordenanza de la Santa Cena (comunión de los creyentes.) La mesa de nuestro Señor Jesucristo es una celebración del Nuevo Pacto y recuerda y une a su cuerpo en confraternidad. Fue proclamado por Jesucristo para traer su cuerpo a la unidad hasta su venida. Mat. 26:26-28, Marcos 14:22-24, Lucas 22:17-20, 1 Cor. 10:16:17, 11:23:30.

14. Creemos en la oración del espíritu y la intercesión, y que el ayuno (el abstenerse de alimentos) intensifica la oración. La iglesia llena del espíritu en toda clase de oración—lenguas, oración individual, oración corporal, y oración de confesión. La guerra espiritual es hecha y ganada en base de la obra terminada de Jesucristo. Nosotros echamos fuera demonios en el nombre de Jesús. Satanás, nuestro adversario, es una realidad, y fue completamente derrotado por la muerte de nuestro Señor y su resurrección. Nosotros somos llamados a reforzar la victoria de Jesús, a ocupar territorio hasta que Él venga, y llame las cosas que no son como si fuesen. Mat. 4:8-9, 12:25-29, Marcos 16:17, Lucas 10:17-20, 19:13, Hechos 13:6-12, 19:13-20, Rom. 4:17, 1 Cor. 2:11, 11:14, 27, Efe. 6:10-18, Sant. 4:7, 1 Pedro 5:8-9.

15. Creemos en el sacerdocio del creyente. Eso es, que la gente que es nacida de Dios son todas iguales delante de Él, y tienen acceso directo a Dios. Nosotros creemos que la identidad del cuerpo de Cristo en la tierra es percibida a través de la iglesia local. Reconocemos la necesidad de relaciones que son de Dios y asociaciones voluntarias, la búsqueda de la unidad a través del amor, y el consenso en cuestiones de doctrina y conducta. Sin embargo, nosotros fuertemente confesamos que la iglesia local es autónoma, con Jesucristo como la cabeza, y rechazamos el legalismo en todas sus formas. 1 Pedro 2:5, Apoc.2, 3, Mateo 17:11.

16. Creemos en el orden de la adoración y la alabanza dada por revelación en el Tabernáculo de David y restaurado a la Iglesia hoy. La iglesia debe ofrecer alabanza extemporánea así como dramática y alabanza teatral y alabanza a Dios. Esto incluye la voz (cantos, gritos de júbilo), las manos (levantando las manos, tocando instrumentos), y el cuerpo entero (bailando, saltando, arrodillándose, postrándose.) 2 Sam. 6, 1 Chron. 13-16, Salmos 150, Hechos 15:13-17, Efe. 5:19, Col. 3:16.

17. Creemos que el reino de Dios es una realidad presente y se expandirá hasta que el conocimiento de su Señorío cubra toda la tierra. El gobierno de Dios es el mismo propósito de Dios. (El dominio de Dios, la forma de gobernar de Dios.) El Reino de Dios es la extensión de su Gobierno y Dominio en la tierra y el universo. El Reino de Dios está dentro de usted. La Iglesia (el Cuerpo de Cristo), universal y local, invisible y visible, espiritual y tangible, es el instrumento a través del cual ese propósito es realizado. Gen. 1:26-28, Dan. 2:44-45, 7:27, Hab. 2:14, Mar. 1:14-15, Rom. 14:17, Efe. 3:21, Heb. 12:25-29, Apoc. 1:6, 5:10, 11:15, Col. 1:12-13.

18. Creemos en la segunda venida literal de nuestro Señor, el cual será en la consumación de todas las cosas. Es la “Esperanza Bendita” de la Iglesia, el gobierno literal de Cristo en la tierra, la resurrección de los regenerados a vida eterna y los no-regenerados a condenación, y la fila victoria del Reino eterno de Dios. Hechos 1:9-11, Daniel 12:2, Apoc. 22:1-7.

19. Creemos en diezmar (la décima parte.) El Pacto de dar fue establecido durante los días de Abraham, antes de la ley, requerido bajo la Ley de Moisés, y confirmado por Jesucristo ya que Él vino a “cumplir la toda ley”. Nosotros somos los “hijos de Abraham”. El apóstol Pablo declaró que Jesucristo vino “según el orden de Melquisedek”. Es un principio integral y repleto a través de la Palabra de Dios el sembrar dentro de relaciones de pacto. Gen 14:18-23, 28:20-22, Prov. 3:9-10, Mal. 3:7-11, Mat. 6:19-21, Luc. 6:38, Mar. 12:41-44, 2 Cor. 9:6-8.

20. Creemos en la Palabra que procede de la boca de Dios. Eso es, Dios está hablando ahora para confirmar, revelar, abrir los misterios que han sido escondidos. Él es un Dios que nunca cambia su carácter, pero siempre está moviéndose. La revelación de Jesucristo edifica y fortalece su cuerpo, confirma lo que Él ya ha dicho, y, además, continua a hablar a su cuerpo en nuevas formas. Nosotros no somos infalibles. Confesamos que no tenemos todo el conocimiento, pero vamos a comunicar su palabra tal como está revelada a nosotros. Vamos a seguir buscando, tocando, pidiendo y caminando en su Verdad como la conocemos. Vamos a recibir la corrección de Dios y humildemente tratar de cambiar nuestros puntos de vista y alinear nuestra posición a favor de la dirección de su Palabra continuamente.